PLA DE CURONACuando arranca el año comienza la danza de los almendros floridos cuya máxima expresión pudimos sentirla en Febrero, el Pla de Curona se viste de algodón hasta que los blancos pétalos aterrizan dando paso al fruto que acabará maduro renaciendo el verano. Se puede llegar en coche desde Santa Inés pero lo suyo es caminar por el camino asfaltado disfrutando de la campiña que colorea, blanquea de florido almendro la meseta de Curona. La carreterita arranca desde la conocida botiga de Can Cosmi donde podemos reponer nuestros internos sentados en su estratégica terraza, un buen almuerzo mañanero con ví pagés y pulpo frito para asentar la pequeña caminata de menos de media legua. En la mitad del recorrido podremos ver el viejo y principal Pozo de Curona como testimonio de otros tiempos. Curona es como una gran boca de volcán vertiendo ligeramente hacia los acantilados de “Es Barrat” por donde desaguaba cuando históricos temporales inundaban su cuenca, ahora el agua subterránea se filtra vertiendo al otro lado y donde a media altura encontramos pequeños espacios cultivables, en terrazas colgadas llenas de cañaverales que el ibicenco antiguo cuidó sembrando en rústicas feixas aquellas exquisitas patatas que antaño resplandecieran allende los mares. (1) La plataforma de Es Barrat d´en Jordi o Puerta del Cielo se sitúa frente a las islas Margalides sobre profundo acantilado y donde hay un chiringuito de lujo, estupenda cocina y perfecta base para la excursión. Se baja por el camino descrito en el mapa aéreo, dos horas entre bajada, reposo y subida. Hay que tener cuidado cuando se baja al estrato inferior donde está el agua que desde un pilón se repartía por viejas acequias a los huertos, hay una explanada colgada a más de sesenta metros sobre el Mar. A la vuelta un buen yantar en el restaurante de Jordi regado con buenos caldos de la tierra, frescas cervezas, café, hierbas y lo que sea de menester. La puesta de Sol en Es Barrat es espectacular y en temporada cenar en Can Cosmi puede ser un perfecto remate. 1) Los ibicencos alternaban semilla para sembrar sus patatas, raramente se sembraban las patatas recolectadas en el lugar, se cambiaban con las de otros payeses más lejanos.
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