Viajes para dos en los parages más encantadores.
La casa del Bereber - Hoyos

 

«... no hacen falta grandes dotes, ni grandes mañas ni complicados planteamientos, sólo el certero de saber que es el tiempo el que todo lo aplana, sitúa, airea, desgrana, poco a poco, con paciencia espartana, corrigiendo fallos, remendando errores, pintando flores, pájaros y todo lo que venga en gana.

Aquel que más se esfuerce, será su pincel grana».

    ÁNGEL CHANQUET

PROEMIO

Avanzando entre fantasmas difuminados por el tiempo implacable. Esencias del antaño latente, nevadas de tonales blancos entre los guijarros del camino. Paso a paso vamos descartando una vez más los tropezones lamidos y rozados entre olores de Natura despertando. Marzo de vientos indecisos, como el agua perdida cada vez más y el aire soplando sin casi despertar nada. La luz indecisa entona provisorios previstos en el tiempo desbaratado, la rosa sin espinas no huele suficiente entre espacios cada vez menos veces ni siquiera deseados; buscando el deseo para nada, que todo llena vacíos y bosques hay para serrar incertidumbres.

Angustia y vida sin angustias que solo mate el hambre de caminar, llenar los espacios con el alma viajera y esponja de misterios, plasma de contenedor rugoso o raspado por entes latentes. La Tierra es suficientemente amplia como para amparar y distribuir en justicia todos los deseos de sus cucarachitas, plateadas algunas por su caminar, doradas otras que van entre las púrpuras del bosque interior, e incoloras, casi invisibles las que menos necesitan y más tienen por su ingravidez.

Todo el conjunto de unidades absolutas danza entre las risas de la primavera. Nace casi todo pues algo ha de quedar para el otoño. Llueve o no pero el rocío suple para el sediento naturalizado. La sed solo existe en el camino de la indecisión, resbalarse por el cauce acariciador no hace errar pues la seguridad es innecesaria, no llega ni a existir cuando te dejas dejarte entre las caricias.

Los viajeros del siglo pasado (diccionario de Madoz) nos dejaron su punto de vista sobre las gentes de la Sierra :

«...los naturales de la Sierra de Gata o partido de Hoyos son sobrios en la comida, laboriosos y apegados a su país, pues con dificultad creen que hay otro mejor; pero dados a riñas y pendencias, consecuencias de su carácter duro y áspero y por el abuso del vino, siendo frecuentes los golpes de navajas y palos, de que resultan demasiadas muertes, cuyos excesos suceden casi siempre los días festivos. Hay, sin embargo, un principio fecundo de moralidad que reconoce por origen la propiedad, de que participan en menor o mayor escala los habitantes; nunca fue allí considerable la amortización. La clase rica es sumamente independiente, raya en orgullosa, que debe atribuirse principalmente al aislamiento en que ha vivido. Las mujeres son bastante bien parecidas y despejadas y suelen llevar la dirección de las casas. La diversión favorita del pueblo es el baile en las plazas al son de tamboril y gaita; y las novilladas» .

Dieciocho pueblos en la Sierra con dos alquerías y Moraleja en el pie de monte nos quedan humeando; hubo más, decenas de despoblados donde la tégula o el tejón árabe hablan por si solas. Los núcleos humanos de la Sierra están aferrados a sus ríos, regatos y fuentes. Con la madera se hacen (se hacían) la vivienda y se calientan, aceite y vino llenan sus bodegas y de sus huertos en las vegas regadas por acequias milenarias salen las hortalizas familiares, frutales coloridos, chorros de vida que confirman un paraíso cuidado y del que han extraído su fruto a placer.

Todos estos municipios tienen dos denominadores comunes: el vino y el aceite, oro interminable que ya dicen los viejos siempre fue panacea en momentos difíciles. El otoño trae la recolección de estos tesoros, cuando cierra la puerta el Verano las uvas verdeas, pequeñinas y bien prietas se verán convertidas en mosto. La vendimia tiene colores y calores a veces, que otras llega de sopetón la marea y las primeras aguas golpean el fruto haciendo peligrar la cosecha (más de uno tiene que tirar de alquimia para sacar el vino adelante). Todo se arregla y cuando un año viene malo queda la mitad del otro que fue superior.

Y de la cepa al olivo va pasando el otoño, primero el verdeo mientras se controla la cocción del vino que hay que mover una vez al día hasta que se asiente el orujo o bagazo. Son días muy familiares recogiendo la aceituna entre chubascos para recolectar y acarrear las más posibles a las almazaras cooperativas o privadas, también para endulzarlas en casa, sin prisas ni sosa, con agua pura de la lluvia y después el adobo personal con orégano, almoraujes, tomillo salsero, ajo y sal. El ajo es el más natural y efectivo medicamento en nuestros pagos, imprescindible, anticancerígeno y antigripal; si con setas se pone negro te avisa de veneno y su mayor efecto es ingerirlo crudo, en ayunas con un poco de pan y aceite.

Las setas han generado nueva cultura en la Sierra , alimento completísimo que ha popularizando una nueva cocina. Unos parasoles (los de la anilla) asados con una pizca de sal, son suficientes en su simplicidad para alcanzar las más altas cotas del sabor, es exquisito. Champiñones, lactarium deliciosus» (níscalos), criadillas, boletos... un revuelto de champi con espárragos es cosa seria, o de criadillas. Otra delicia es frite de níscalos cocidos con tomate, el sofrito con ajo en cantidad y la salsa final recubriendo dos huevos fritos tampoco es cosa de broma.

El otoño es pura actividad y cuando llegan Los Santos los montes han recubierto su manta de verde y los mil amarillos de robles y castaños soltando sus hojas se suman a los aborregados cielos encendidos de rosas y naranjas azulados. La Almenara de Gata parecía arder un atardecer de nubes con fumatas de fuego mientras el arroyo Las Pilas bajaba casi aventado a los brazos del Árrago.

Con el Invierno arrancan las almazaras; solamente el municipio de Gata movía cada año a finales del siglo pasado quince piedras para aceitunas y doce para harina. Los ríos generan toda la energía necesaria y por eso son el centro de nuestros amores, les ponemos nuestros nombres, nos refrescamos en ellos los calores del Verano y hasta sanan males incurables (baños de la Cochina en Villasbuenas de Gata).

Castrar colmenas, vendimiar, ripiar o apañar aceitunas, limpiar oliveras, jugar al zápiti y a la raya, las mujeres de Villamiel a los bolos y las viejas de Robledillo a la subasta con los hombres, los niños al peón, los mozos con las mozas y el Señor Cura con las beatas; todo un orden tradicional, armonía y salud del ánima en estos santos «lugaris» mediando el Infinito.

Pasaron las castañas de los Difuntos y los madroños van desapareciendo cuando empiezan a sonar los villancicos, alguna bellota en las dehesas y mucho turrón de Castuera, licores y figuritas de la Tahona moralejana, zambombas y bufandas en cuellos infantiles ¡el aguinaldo! -piden los «dagalis» serragateños mientras se escapa un año más de nuestras vidas. Cuando se hacían las matanzas los dagalis recorrían el pueblo haciendo ruido con las tapaderas de las cazuelas, era la declaración pública de abjuración judía, comían marrano cumpliendo la ley; también gastaban la broma de meter más picante de la cuenta en uno o dos chorizos para reírse de quien les tocaran.

En enero comienzan los quintos su jolgorio, viejas tradiciones de milicia que recuerdan los horrores por el hijo destinado al protectorado en África. Las penas se camuflan con solidaridad desapareciendo entre tragos y locuras, pintadas en la carretera a la entrada de los pueblos nos dicen nombres de potenciales héroes ¡vivan los quintos del 94!. Antaño había alcaldes de quintos, un mozo viejo se hacía cargo del personal cuidando sus desvaríos, administraba el fondo común y les cocinaba él frite de cabrito, borrego o burranco cuando la cabaña jumentil era próspera y numerosa. Los quintos fueron una institución y su número marca la intensidad demográfica de estos pagos, se ha pasado de veinte o treinta quintos a dos o tres, la depresión demográfica es latente y aun así la «tradición» insiste llena de esperanza.

Por San Sebastián arden las hogueras serragateñas con el palo en medió del choscu y donde los más hábiles ensartan los capazos desechados de las almazaras, descansando después de haberle sacado el oro a la aceituna. Los pueblos festejan los patronos más comunes, San Antón, San Sebastián y San Blas principalmente son celebrados en estos lares vettónicos. En Cilleros, Valverde del Fresno y Eljas (antigua encomienda) lo enfrentan a San Pedro Celestino, patrón de Villamiel; el hecho es simbólico, un recuerdo anual de tiempos pretéritos, de poderíos guritos que indudablemente hubieron a juzgar por los restos pretéritos de Villamiel, los más viejos seguramente de las demás villas vecinas.

En febrero busca la sombra el perro y los de Gata dejan la fiesta de San Blas para el verano que hay más emigrantes y turistas. El invierno se va rompiendo como Dios le da a entender y los pájaros empiezan a barruntarla Primavera, asoman los colores y se activan los nidos.

La Semana Santa abre el ciclo turístico y si el tiempo viene azul puede llegar a ser todo un preámbulo estival turístico. En abril agua no moja, solo cala en el ánima pero enseguida se desprenden los calores interiores desescamándose de inviernos el más pintado de los sorprendentes chaparrones. Siguen encendidas algunas chimeneas pues la noche sigue cerca del invierno cual el día creciente del verano.

Julio arranca con los campamentos juveniles, itinerantes, fijos e independientes en la totalidad de la Sierra. La base campamental más antigua es la de los Amigos de Francisco de Asís en Descargamaría, capitaneada por fray Pacífico con su corte de especialistas criados en la propia obra y en quienes hoy descansan las canas del franciscano fundador campamental que ya se reclama un poco de calma aunque sigue inasequible a cualquier descaliento mundano. Fray Pacífico ha construido un templo arquetípico, redondo y de gruesos muros, como una replica surrealista de aquel otro del Santo Sepulcro de Jerusalem. En una especie de cripta interior, el útero de la Magna Mater invita al recogimiento casi fetal mientras arriba la capilla extrovierte al infinito.

En Hernán Pérez están los de Zagal junto al río Árrago en un magnífico terreno que han ido condicionando a lo largo de retoques y maduración vivaquil. También generan varios turnos de verano con jóvenes de diversas edades engrosando la población juvenil en las noches estivales. Los campamentos itinerantes recorren toda la geografía serragateña, ves sus macutos junto a la iglesia de cualquier lugar, descansando de la dura marcha y esperando el abastecimiento en la hora concertada para ir a dormir donde la etapa cierre el caminar.

De mi libro inédito" SIERRA DE GATA". Alfonso Naharro i Riera

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