INFORME SOBRE IBIZA EN 1791El ejemplar de este informe, inédito y autógrafo de su autor, existe en la Biblioteca de la Academia, códice E 136 (estante 27, grada 5.a), folio 289-293. Para mayor claridad he remozado la ortografía del original, añadiéndole breves anotaciones.—F.F. «Adiciones á la Relación de Iviza, del I.mo Sr. Don Manuel de Abad, primer Obispo d e aquella Diócesis (i) por Don Carlos González de Posada, primer Canónigo Magistral de la misma Iglesia (2). Los números marginales de éstas corresponden á los de aquella obra. 1.—Dista 13 leguas á cabo Martín en el continente. No es fértil de mieses por la sequedad. Esta le es natural por ser terreno escaso de fuentes, y por su cielo, barrido de nubes por los vientos recios y continuos. Los Griegos llamáronla Ebusos y los Arabes Yubasa (3), que significan tierra seca y árida (4), así como Pityusa por los muchos pinares que cría. Es un peñón todo su fondo; y dondequiera que se cave, se halla peña á más ó menos distancia de la superficie. Las capas de tierra y costras que la cubren están echadas horizontalmente en la mayor parte, por lo que se impide la filtración de las aguas así como el arraigo de aquellos árboles que aman la humedad, frescura y buena miga de tierra. Donde las capas están verticales hay algunos pequeños manantiales. Por esto es sumamente estéril de pastos para ganados que no sean el cabrío, que comen arbustos y romerales de que abunda con otras yerbas secas y austeras, como el tomillo, cantueso, frigola, orégano, etc., á cuya abundancia se puede atribuir la delicadeza de la miel, así la porfía de los vientos no impidiese su operación. Todo el terreno es ferruginoso y salino, y pronto á petrificarse; sin embargo el imán no tiene acción alguna sobre sus partículas por más que se ven todas fierro. Aunque ese suelo es tan diferente del nuestro, no se halla en él un vegetal exótico. Tampoco se han descubierto más minas que los grandes bancos de tierra caliza y ferruginosa que atraviesan toda la isla desde la capital hasta el extremo opuesto en su longitud. 2.—En la parroquia de Santa Eulalia se benefició en tiempos muy remotos la mina de plata, que llamaron por esto los Romanos la Argentaría, y hoy Argentera', que, explorada de orden de Su Majestad por el minero Don Agustín Laplanche en los años de 1789 y 90, sólo halló plomo de que fundir hasta 4.500 quintales; producto que, no correspondiendo al coste de su operación, obligó á sobreseer en ella (2). Aunque el presbiterio de la parroquial de San Josef presenta á primera vista buenos mármoles, bien examinados tienen mal grano por las muchas partes de fierro de que constan; y si hay alguna estatua, lápida sepulcral, ó escudo de armas, de mármol, es conocidamente de Genova, y algunas tienen escrita su fecha en aquella República. El puerto de la Ciudad es el segundo del Mediterráneo, quiero decir, el mejor después de Mahón. Con el tiempo se inutilizará por el mucho cieno que va congregando de las tierras marjales de su contorno y de las vertientes de la Ciudad y barrio de la marina; y tanto por la falta del reflujo del mar para limpiarle, como por su abrigo y tranquilidad para este depósito, se llena cada día más. El de Portmagny tiene hoy en su ribera un cuartel para un destacamento. Los contornos de uno y otro puerto son llanuras deliciosas y abrigadas, como los puertos, de buenas y arboladas eminencias. El de Ivíza, por sus muchas huertas de norias y muchas casas de campo, entre ellas la que hizo el actual obispo (1) con jardín botánico y semilleros de árboles, ofrece un espectáculo gratísimo al arribo de los navegantes. El de San Antonio, aunque capaz de regarse todo por un río inmediato, está muy inculto y despoblado. No hay duda que en Formentera estuvieron los discípulos de San Agustín, Donato y otros que trajeron á España, por Valencia, el orden monástico en la forma que le tenían en África (2). Y aunque convienen en esto los escritores, su diferencia está en que unos quieren que antes de pasar al reino de Valencia vivieron aquí en comunidad; otros, que huyendo de Játiva por Denia ó Cullera en cierta persecución de los Arríanos, se embarcaron para Formentera hasta que serenó la tempestad; otros que ambas cosas, La humedad de los aires es toda del mar, y por consecuencia no es perjudicial á la 'salud, ni fecundiza más que de sales la tierra, su rocío es análogo al que suele en otras partes mantener la vida narcótica de algunos animales y vegetales terrestres. Las mujeres trasquilan sus pequeñas reses, cardan, hilan y tejen ellas mismas aquel esquilmo, cuecen tintas de cortezas de granadas, tejen la tela y hacen el vestido para sí y toda su familia, cada una en su casa. Todas van uniformes, y sólo se distinguen casadas y doncellas en una pequeña diferencia. Llevan el pelo en coleta con cinta blanca, un tocado finísimo, muchas joyas alrededor del cuello, sartas de corales que cubren el pecho, un cinto con llaves de plata pendientes de una larga correa y un sombrero con plumas de pavo real o flores. Jamás mudaron forma, ni conocieron moda. No parecen compañeras, sino siervas de sus maridos, ni comen con ellos á la mesa, ni de tan buen pan; -trátanles de Señor y de Vos] y ellos retornan el tú y el nombre de. muchacha. 5.—Hablan lemosín (1) con alguna variación respecto á las demás provincias de Mallorca, Valencia y Cataluña en la pronunciación y algunos vocablos. De noche no se saluda á nadie, aunque sea conocido. Unas rudas máquinas muelen en las más de las caserías el poco trigo que gastan; otras veces le cuecen en grano, y así lo comen sin otro condimento. Entierran el dinero, y es la avaricia su vicio característico. No conocen más música que una flauta y un pequeño tambor; ni supieron ni saben más tono que uno muy melancólico, que oído á un pastor en un monte entristece demasiado. Consiste en tres puntos que jamás se varían ni se alteran; y por esta facilidad acompaña á la voz de.la mujer cualquier muchacho punteando la flauta con una mano y golpeando el tamborcito con un palo en la otra. De ordinario un romance con la relación de la victoria o desgracia de algún jabeque en el choque con los moros hacen la materia de sus cantilenas que oyen transportados y extáticos. El baile es muy honesto de parte de las mujeres, que jamás muestran sino la punta del pie, ni dan saltos, ni levantan los ojos del suelo; antes todo el artificio del baile consiste en huir en vueltas y compases la mujer del hombre, con gran modestia y cortesía, al paso que el hombre está más procaz, saltando y persiguiendo á su compañera. Ciertas leyes de policía gobiernan sus bailes generales que hacen en días clásicos, reinando entre ellos tal quietud, paz, unión y buena armonía, que nunca se experimentan celos, rencillas, ni una mala palabra. Los hombres tienen sus delicias en estar fumando tabaco todo el día, sin comprarlo nunca. Guardan tanto silencio en ocultar los delitos de sus vecinos, que no se pueden descubrir los malhechores por los medios de las leyes. Son murmuradores; pero en caso de declarar en juicio, todos niegan (2). 6.—Véase lo que dejamos dicho de pastos y ganados. (1) Idioma de Límoges (Francia). Así llaman al catalán los valencianos, negándose á reconocerlo como á padre del suyo. 7.—Año de 1786, se descubrió un sepulcro entre los molinos de viento que están cerca de la muralla de la ciudad. Era magnífico, aunque de piedra de grano arenisco, que llaman allí maretas, de duración cuando no tienen exposición á ciertos vientos, y de mayor cuando están enterrados. Más bien era un templete subterráneo, ó. panteón de alguna familia que tenía nichos ó lucilos para ídolos (í), ó para vasos óurnas cinerarias. Ya se había abierto ó hundido en otro tiempo; la lápida con una grande y bien conservada inscripción romana había rodado hasta la falda de la eminencia de los molinos. Aun se hallaron allí y en otras partas orzas con cenizas y ampollas y lacrimatorios y monedas romanas del alto imperio; de todo lo cual tiene copia el primer obispo (2) de aquella isla don Manuel Abad y Lasierra, recogidas después de haber escrito la Relación de Iviza. En la iglesia del Hospital general de la ciudad está por brocal de un pozo un insigne capitel de orden corintio de mármol; y el año de 1789 se halló un plinto de vara y media de diámetro en las excavaciones de uno de.los algibes del palacio episcopal; y estas piezas en proporción arquitectónica suponen columnas de 30 á 35 pies geométricos, que con trozos de otras que hay dispersas en la ciudad dan indicios de verdad á lo que escriben algunos sobre la existencia de un magnífico templo de Mercurio en tiempo de los Griegos en el mismo paraje en que está ahora la catedral. Hay tres estatuas (3), mayores que el tamaño del natural; que por estar decapitadas y mancas y por el número fueron creídas hasta ahora los conquistadores de estas islas: el Infante don Pedro de Portugal; el arzobispo (electo) de Tarragona don Guillermo Mongrui; y el caballero don Ñuño Sanz (4); que en Agosto de 1235 las quitaron a los moros. Estuvieron en otra parte hasta el reinado de Felipe II, en que se colocaron en sendos nichos dispuestos expresamente para recibirlas cuando se construyó la fortaleza actual. Pero ellas son romanas sin la menor duda. A los lados de la puerta principal, que llaman de la Marina están las dos de mármol y de primorosa escultura: la de la mano izquierda es de mujer conocidamente, tanto por sus ropas como por los demás caracteres de su sexo; la de la derecha es de hombre armado á la romana con delicados medios relieves de fábulas (1) en su armadura. Están sobre proporcionados pedestales de la misma materia y fecha que las estatuas, y con inscripciones latinas (2). La de la mujer ya no se lee; porque habiendo estado más expuesta á la impresión cáustica de las sales, azufres y vitriolos que la hizo el aire, que batió en ella por tanto tiempo, sólo presenta unos sulcos informes (3). La del hombre está cubierta de la yerba parietaria, á que debe su conservación desde el tiempo que está en la muralla á ]o menos. Apartada esta yerba con un bastón desde el puente levadizo se lee de hermosos caracteres Cjítdi Caes. C, F. Tironi„.\ por donde infiero que la estatua compañera es de la mujer, ó madre de julio César, del cual se sabe que estuvo en Iviza (4). Entrando esta puerta y pasado el cuerpo de guardia, que llaman Principal, á un lado de la segunda puerta que sale á la plaza, está la otra estatua mucho mayor y casi colosal, vestida de toga de senador, de piedra de medio grano y ordinaria, sin pedestal ni inscripción. Me inclino á que representa al emperador Marco Aurelio, que fue gran fautor de esta isla y querido de ella en sumo grado (5). En el citado montecito de los molinos se ven más de cien aberturas en su peña, labradas á escoda hasta encontrar tierra ó hueco. Se creen habitaciones de fenicios; pero soy de parecer que eran sepulturas de éstos ü otros pueblos más antiguos para conservar las momias, ó cadáveres embalsamados, como los egipcios de Menfis, los canarios en Teyde, etc.; sobre lo cual si interesa á La Academia, propongo hacer una disertación, que haga verosímil esta noticia, histórica hasta ahora no tocada por nadie, como ni la de las estatuas. Asimismo, en el camino Real de la ciudad á las Salinas, San Jorge y San José se ven muchas varas de un acueducto romano, que atraviesa el camino por junto á la casa torre de D. Mariano Balanzat, llamada de las Figaretas, y se mete en la huerta de la casa del Ció i, cuya dirección al gran campe» llano de la torongeta al pie de la muralla y los cimientos que hay allí de grandes edificios, manifiesta que en los primeros tiempos de su grandeza estuvo allí la población, que después se pasó al abandono del castillo, y en el siglo XVI y siguiente se mandó encerrar dentro de la muralla. Otros acueductos de Santa Gertrudis y Santa Eulalia con la misma dirección confirman esta conjetura (1). Así como hay torreones y restos de fortaleza de tiempos más antiguos que la dominación de los árabes, tampoco faltan vestigios de las obras de éstos. Tengo por muy probable porqué habitan los Ivicéncos en las cumbres y cultivan los alrededores infructíferos de sus declivios abandonando las tierras llanas ó valles más fértiles, ha sido por la necesidad de guardarse de los moros y de sus frecuentes emboscadas. Para esto, no contentos con la proporción del terreno para atalayar y defenderse, tenían allí en lo más elevado torres redondas y capaces, con una sola entrada al medio de su altura, por donde recogían la escala de mano que los conducía, y siendo todo el edificio de cal y canto, con bóvedas, sin madera alguna, quedaban sin temor de ser quemados, y se defendían con sus armas de los piratas que por tantos refugios los han molestado. 3.—Es cierta la dispersión del caserío fuera de la capital; pero es problemático si conviene más esta forma de población ó la de pueblos reunidos, ni toca á la historia su decisión. La ciudad siempre estará sucia; pues siendo un peñón su suelo, ni se pueden cavar pozos, ni abrirse cloacas (1). 10.—En el año de 1783 se comenzó a pescar atún en la almadraba, establecida en el puerto del Espalmador, en Fórmenteras, donde había estado en otros tiempos. Acaso en todo el mundo, no habrá otro puerto más proporcionado para esta pesca y su tráfico. Con una mano cogen el pescado, y con otra la sal para su beneficio. Así juntó la Providencia puerto tranquilo, pesca copiosa y salinas abundantes y de calidad (2). 15.—Es más cierto que se hace la sal de Iviza del agua del mar por filtración del terreno salitroso y de agua elemental. 16 y 17.—La sal llega anualmente de veinte á treinta mil modines, de cuatro fanegas cada uno; y se paga á 60 reales el modín. Los Ginoveses tuvieron arrendado este ramo algunos siglos, y daban al Común de Iviza, que era dueño de las salinas, cierta renta que se invertía en escuelas, hospitales y otras necesidades públicas y privadas. He aquí el comercio de los Ivicencos y Genoyeses, y la ocasión de haber venido á Iviza los pocos mármoles de gusto que hay en la ciudad desde el siglo xv. Felipe V agregó las salinas á la Real Hacienda, y dejó sobre ellas 2.600 pesos anuales á la bolsa común; de los cuales paga, 600 á la fabrica de la Iglesia mayor. Noticias fuera de los números. En el siglo v de la Iglesia había obispo católico en Iviza, y era, al parecer, sufragáneo de Cartagena, según que el Prelado de ésta le reprende cierta superstición ó falsa credulidad. Así consta de la historia eclesiástica bien recibida (En este párrafo el autor baraja dos obispos de Ibiza: Opilión (año 484), sufragáneo de Caller en la isla de Cerdeña; y Vicente (año 591), sufragáneo de Cartagena). Se tiene por cierto que el célebre Avicena no solamente nació en Iviza, pero que también reinó allí y escribió allí (3). El analista de Aragón, Diago, escribió allí muchas de sus obras, estando de conventual en Santo Domingo (4). El enredador Lupián Zapata, verdadero Antonio de Nobis, fue cura espiritual de estas islas, con el título de Pabordre de Tarragona, y también dejó allí señales de su genio en algunas genealogías y antigüedades de casas (5). En el primer tercio del siglo XVI, Orruc Barbarroja, titulado rey de Tremecén, amenazó invadir á Iviza. Carlos V, emperador, la fortificó y repobló, pidiendo prestados para ayuda de esto 18.000 pesos á Santo Tomás de Villanueva, entonces arzobispo de Valencia. Se concluyó en el reinado de Felipe II la muralla, que es altísima, terraplenada, fuerte y hermosa, de nueva fortificación, aunque irregular, y sin obras exteriores, porque no las permite su terreno y el mar que lame la mitad de su circuito. Tiene solas dos puertas: la que llaman de tierra, inmediata al monte de los sepulcros, hoy de los Molinos; y la de la marina, de buena y grandiosa arquitectura almohadillada, con un grande y bien esculpido escudo de armas reales, y una inscripción. En el año de 1738 cayó un rayo en el almacén de la pólvora, que estaba en el baluarte de Santa Lucía, incendiando 200 quintales; y su explosión, haciendo temblar toda la ciudad, arrojó á gran distancia materiales del almacén, derribando casas y desplomando casi todas las restantes, que así se mantienen todavía. Al día siguiente, fueron en un entierro cerca de 40 cadáveres. La fortaleza no se resintió sino en una esquina del mismo baluarte, que aún está como quedó entonces. No se sienten allí terremotos; ni los que viven saben lo que es el temblor natural de tierra, ni lo han oído de sus mayores. La marinería, no sólo está reputada por la más valiente y atrevida de España en el coso contra los moros, sino que con verdad se puede decir que los Ivicencos tienen ascendiente sobre ellos. El uso de los frascos de pólvora, de que están bien prevenidos, los hace las más veces vencedores; y la torpeza de sus enemigos no ha comprendido aún en qué consiste una manera tan sencilla de combatir. Se atreven á entrar no solamente en las calas indefensas y caserías de las aldeas de África, más también en sus puertos, trayendo jabeques surtos en ellos al de Iviza. Se mantuvieron muchos años con el producto de los esclavos moros que vendían en Iviza, Mallorca, Cartagena ó Alicante, según la cercanía de donde hacían las presas. Pero los que se compraron en Iviza, destinados á la agricultura, desacreditaron este noble y necesario ejercicio, no queriendo los Ivicencos libres emplearse en lo que se encomendó á los moros esclavos. Y esta es una de las causas del abandono de aquella agricultura. La abundancia de madera de pinohace á Iviza como el astillero del Mediterráneo. Continuamente se están construyendo allí jabeques mercantiles para Mallorca y puertos del continente. En los equinoccios hacen alto en esta isla las aves de paso para descansar en su largo viaje marítimo. En días fijos, constantemente se ven llegar bandadas de millones de codornices desde España en Septiembre, y de África en Marzo. Paran cerca del puerto de San Antonio que es el frente de Denia, y á esta ciudad van los cazadores de Valencia á recibirlas (1). De Iviza no hay más historia que la que hizo un capuchino mallorquín (2) para la edición de colección de leyes municipales, ó lo que llaman en Iviza Ordenaciones (3). Todo su apoyo es un manuscrito, que yo poseo original, de muy poco crédito, aunque no sea parto de Lupíán Zapata; porque, además de conocerse en el mal estilo la pobreza del autor, debe ser poco atendido respecto que su fecha no pasa del tiempo de Felipe IV (4), y habla de cosas antiquísimas sin citar autor alguno (5). Fuera de esto, el capuchino no estuvo en Iviza hasta después de publicada su obra; y entonces dijo que si la volviera á publicar sería muy otra. No obstante que salió á luz en tiempo de Fernando VI, no se halla un ejemplar en Iviza, ni en Mallorca donde se imprimió. En nuestros días publicó otra corta relación de estas islas D. Vicente Tofiño, jefe de escuadra; donde se puede ver la mala locación de la ciudad, la infeliz disposición de las calles, y lo demás que falta á la que escribió el primer obispo y á estas adiciones (6). Madrid y Septiembre 2, de 1791, (1) Con igual objeto acuden al archipiélago de los Colubretes los cazadores de Castellón de la Plana. (2) Cayetano de Mallorca. (3) Resumpta histórica^ geográfica y cronológica de la isla y Real fuerzade Iviza. Palma de Mallorca, sin año de impresión. La licencia es de 1751. Posee un ejemplar de esta obra D. Juan Román y Calvet, autor sobredicho. (4) Años 1621-1665. (5) Las razones que da el Sr, González, para excluir á Zapata, como autor de este manuscrito, no me parecen convincentes. Consta que el anónimo forjó la inscripción apócrifa (Hübner, 367), referente á la restauración del templo de Mercurio por Marco Aurelio; y esto se aviene con el genio enredador y travieso del tristemente famoso Antonio de Nobis. (6) Con este dato se ilustra el artículo núm. 3 de las Baleares, escrito por D. Tomás Muñoz y Romero en su Diccionario Mbliográfico- histdrico… de España pags. 46 y 47 (Madrid, 1858): 1 Descripción de las islas Pithuysas y Baleares. De orden superior. Madrid, imprenta déla viuda de Ibarra, hijos y compañía, 1787. En 4.0. El Gobierno comisionó á varios oficiales de la armada para que levantasen las cartas esféricas de las costas de España, Estando desempeñando este cargo en Ibiza, formaron la descripción geográfica de estas islas, y mereciendo la aprobación del Gobierno, mandó á los comisionados que hiciesen la descripción de las islas de Menorca, Mallorca y Formentera. D. José Vargas Ponce fué el que hizo este trabajo, en donde se dan exactas é interesantes noticias de estas islas, tanto acerca de su geografía, como de su historia, población, agricultura y comercio. Leyó el autor este trabajo á la Academia de la Historia, en la sesión de 3 de Marzo de 1786.» En el acta de esta sesión se lee: «El Sr. DJosef de Vargas leyó una descripción de las Islas de Ibiza y Formentera adornada con varias noticias históricas perteneciente al estado antiguo, y sucesos de dichas Islas con diferentes reflexiones sobre sus producciones, comercio, industria y estado actual.» Y en el acta déla sesión del 2 de Septiembre de 1791: «El Sr. D, Carlos Posada Leyó las adiciones ó ilustraciones que ha hecho á la Relación y descripción geográfica de la isla de Ibiza, que formó su entonces Obispo de ella el Ilmo. Sr. D. Manuel Abbat y La Sierra, y existe en la Academia. Y habiendo ésta apreciado el zelo, diligencia y esmero que manifestó el Sr. Posada en su trabajo, acordó se una á la referida Relación, que devolvió, colocándola otra vez en su lugar correspondiente; habiendo ofrecido el Sr. Posada hacer una disertación sobre las tres estatuas romanas que subsisten en la muralla de la fuerza de Ibiza; lo que se aceptó». VOLVER |